El pueblo de Isabela. Jardín del Noroeste

Cara del Indio

Posted on: diciembre 5, 2008

CARA DEL CACIQUE MABODAMACA EN ISABELA

CARA DEL CACIQUE MABODAMACA EN ISABELA

Hay en mi pueblo de Isabela innumerables leyendas, que en voz de gente, surcan el aire con excitante curiosidad y sospecha. esa voz persiste a lo largo de los años, sin que podamos afirmar con certeza su veracidad. Una de leyendas menos conocidas es la de la “Cara del Indio.“ Esta es una formación rocosa, gigante, al final del acantilado del farallón costero al oeste de la Quebrada del Toro y al lado este del Pozo Brujo. Lo curioso es que el perfil del acantilado cuando se observa de algunos ángulos “parece la cara de un indio gigante“ cuentan los curiosos y visitantes.

En el territorio que hoy ocupa el Barrio Coto, en el año 1511, se llevó a cabo una batalla muy importante entre las fuerzas encabezadas por el comandante Diego de Salazar, y la resistencia taína, encabezada por el cacique Mabodamaca. La famosa batalla de Guajataca dejó muertos a cientos de guerreros taínos en el valle, incluyendo a su cacique. Cuando el comandante Diego de Salazar mata a Mabodamaca, se repliegan los combatientes; los taínos proceden a dar sepultura a sus hermanos y al líder caído. Muchos descansan en los valles de Guanábano. Nunca se ha descubierto el lugar donde enterraron al cacique Mabodamaca. Cuenta la leyenda que el Guanín de oro que le colgaba al pecho y que atrajo el tiro certero del arcabuz, yace enterrado en algún lugar de los alrededores de la Playa del Pastillo, observado y vigilado por la Cara del Indio.

Caia el atardecer, el cielo se tornaba rojizo con algunos mátices amarillos, una vandada de pitirres Guatibiris se mantenían alerta en el bosque. Esto representaba que se avecinaban lluvias fuertes. Juracán, dios de las fuerzas del mal, se acercaba sigiloso, el día anterior la tierra había temblado.

La noche llegó acompañada del canto de los coquíes. Había un gran revuelo en el Yucayeque del Guajataca. El Areyto estaba próximo a comenzar. Todos los Caciques de la region de Aymaco habían sido convocados. La muerte de Agueybana que había sido guaitiao de los españoles tenía enfurecidos a los taínos. Agueybana II, su sobrino, tenía muy presente las humillaciones a que fue sometido. El sentimiento de coraje y el deseo de sublevarse en contra del invasor era general, así lo comentaban los caciques presentes para el Areyto: Guarionex, Urayoán, Aymamón y Mabodamaca.

Durante la ceremonia Urayoán relató como logró dar muerte a Diego Salcedo. Se levantó Mabodamaca, hombre alto de gran fortaleza, comenzó a danzar y a invocar a Lucuo, dios protectos de Borikén. Le promete entregar su alma por la libertad de los taínos, más le pide que si muere en la batalla, su rostro siempre este cerca de su pueblo.

Los caciques decidieron preparar varias guasábaras para tomar por sorpresa a los españoles. Concertado el levantamiento, se proclamó la guerra, todos los presentes corearón a gritos la valiente decision. Los gritos de la danza ceremonial se escucharon en toda la serranía. Los cánticos de Guerra de la vandada de guatibiris, se unieron a los coros de ruiseñores, cotorras y coquíes augurando una feroz batalla.

Finalizado el Areyto, invocados los dioses y confiados en el éxito de sus planes se retiraron a sus aldeas.

Esa noche, en la madrugada, Mabodamaca caminó por las orillas del río hasta llegar a la playa, allí sentado sobre las piedras del acantilado recitó su última plegaria a Yocahú, dios de todo lo creado.

En uno de los preciosos valles que tiene nuestra region las fuerzas del Cacique Mabodamaca se enfrentaron a los españoles, llevaba consigo cerca de seiscientos indios. Le habían encomendado enfrentar al muy conocido Diego de Salazar. La superioridad de las armas y tácticas de combate desconocidas por los taínos compensaron la inferioridad en número de los españoles y les permitió dominar la rebelión. Mabodamaca, cacique ágil, fuerte y decidido fue a la cabeza del ejército de los taínos para dirigir el ataque. Envalentonado, pide a grandes voces que le manden a Salazar y este aceptó el reto. Defendió con fiereza y valentía su yucayeque. Ni ese disparo de arcabus que se encrustó en su ancha espalda lo detuvo para incitar con grito de guerra a sus naborias. Cayó de rodillas, se arrastró hasta unos arbustos, sólo tuvo el justo tiempo para recitar la última oración de su plegaria a Lucuo.

Hoy su rostro queda esculpido en piedras para que las futuras generaciones conozcan a Mabodamaca y recuerden su gesta heroíca en favor de su yucayeque. De esta manera hacemos realidad su deseo expresado en aquella oración, hecha al dios protector de Boriquén, de que su rostro este cerca de su pueblo.

Estos hechos históricos ocurieron para el año 1511 y se conocen como la Rebelión Indígena de 1511.

 

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