El pueblo de Isabela. Jardín del Noroeste

Historia de la Ermita San Antonio de la Tuna

Posted on: diciembre 5, 2008

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San Antonio de Padua, nombre del Santo Patrón del actual pueblo de Isabela y nombre de la ermita que fue el lugar de devoción, alrededor de la cual se fundó el primer pueblo de La Isabela con el nombre de… La Tuna. De aquí el por qué del verdadero nombre de nuestro monumento histórico “Ermita de San Antonio de Padua de la Tuna“. De ella nos hablan los historiadores. En el año 1749, el Obispo Francisco Julián de Antolino nos dice de la Tuna “Pueblo nuevamente fundado y con una Ermita, la encontré (la ermita) muy decente y surtida de las mejroes alhajas y ornamentos necesarios para el servicio del culto Divino.“ A pesar de que no se ha encontrado la documentación que atestigue la fecha de fundación de la Tuna, sí podemos atestiguar que se fundó bajo la gobernación de José Antonio de Mendizábal y contemporánea a la de Añasco. Datos que se obtienen de la Real Cédula de 1733. Cuando Cayetano Coll y Toste nos habla de su fundación en el año 1725, es posible que los primeros colonizadores españoles hayan comenzado a fomentar su desarrollo poblacional en ese año. Como bien nos indicara la Profa. María Judith Colón, “Podemos consignar que mucho antes de 1750 existía un núcleo urbano en el sitio de la Tuna lo bastante numeroso como para estimular al obispo a considerarla como Curato Independiente de la Aguada, dado que ellos (los de la Tuna), dependían de un cura capellán que los asistía porque el cura de la Aguada no podía socorrerles.“ A manera de hipótesis la profesora considera que… “según se desprende de la Real Cédula de 1733, la fundación de la Tuna fue contemporánea o próxima a la de Añasco. Es la Ermita, la que dá lugar a la agrupación de personas y familias en sus alrededores y así eventualmente se constituyeron como un pueblo. Los terrenos donde se levantó la ermita pertenecieron a la Aguada. El Santo Patrón de Aguada era San Francisco de Asís. En la Orden de los Franciscanos, el segundo Santo de mayor devoción era San Antonio de Padua, razón para que en la Tuna se eligiera al santo de mayor devoción después de su santo patrón en la Aguada. La descripción de la estructura de la ermita es pues; rectangular, con presbiterio cuadrado y dos capillas colaterales correspondientes al crucero; adoptando el patrón románico tradicional de la planta de cruz latina. Construído en piedra, cal, arena, ladrillos de barro y con tejas de barro para su techo. Nos informa la profesora Colón que “la obra quedó inconclusa (refiriéndose a la actual ermita) y al no disponer de planos, consideramos el techo se había de cubrir por un tejado de dos aguas.“ Entendemos que existía una primera ermita, pero que debido al estado crítico que la encontró el Obispo Zengotita, envió a demolerla y en su lugar y echados ya sus cimientos se comenzó la que hoy vemos en estado ruinoso. Guiados por su obra y orientados por sus estudios, donde ella dejó su investigación, otros hemos continuado su búsqueda en el aspecto histórico, arqueológico y antropológico. La Coporación Mabodamaca se fundó en el 1988 sin fines de lucro, bajo el amparo de las leyes municipales, estatales y federales con el interés de proseguir con la preservación, conservación, consolidación y cuido de la Ermita. Esta había sido nominada e incluída como monumento en el Registro Nacional de Lugares Históricos en Washington en el año 1982. Quiso también la Corporación que se diera a conocer el valor histórico-cultural y turístico del lugar así como la importancia arqueológica de ese bello paraje, que fue también el lugar donde habitó el famoso Cacique Mabodamaca en el Guajataca. Para ello y con aportación conjunta del Quinto Centenario, el Gobierno Municipal de Isabela y la Corporación Mabodamaca, se efectuaron estudios arqueológicos, antropológicos y arquitéctonicos en y alrededor del artefacto. Se construyó la Plaza Mabodamaca en honor a ese primer héroe isabelino, nuestro valiente líder que en la batalla de 1511 combatió valientemente con 600 de nuestros indios para defender su tierra y su familia.

Como resultado de esos estudios se han escrito varios informes de arqueología de la Ermita. Estos son:

1. Estudio arqueológico: Fase 1A-1B “Survey de Recursos Culturales (1912), Aramis Font Negrón, Arqueólogo.

2. Informe sobre recientes hallazgos arqueológicos en el Proyecto Restauración Ruinas Ermita San Antonio de Padua de la Tuna (1993), por el arqueológo Aramis Font Negrón.

3. Informe Proyecto de Investigación de Arqueología Ermita de San Antonio de Padua de la Tuna (1996), por el arqueólogo Aramis Font Negrón.

4. Análisis Osteológicos de los restos humanos procedentes de la Ermita de San Antonio de Padua de la Tuna (1996), Prof. Edwin Crespo, Ph.D., Candidato y Aramis Font Negrón, Arqueólogo Coordinador del Proyecto.

5. Diagnóstico y reconocimiento de las ruinas de la Ermita San Antonio de Padua de la Tuna, The Builders Group Corp. (1993).

6. Estudio arqueológico en la Ermita de San Antonio de Padua de la Tuna, Isabela, Puerto Rico: Consideraciones sociales y religiosas, Tesis como requisito para el grado de maestros en artes. Junio 1998, Aramis Font Negrón, Arqueólogo.

Resulta interesante que de estos estudios se deduce y corrobora lo antes dicho por la profesora Colón. Primero, que su techo fue de dos aguas… se encontraron las pilastras donde se habrían de sostener los postes que sujetarían el techo de dos aguas y con tejas. Se descubrieron pedazos de tejas de la época. Segundo, aparecieron parte de los cimientos de aquella primera Iglesia de que nos hablaron los historiadores. Tercero y muy importante es el hecho de que nuestra Ermita guarda los restos de los que fueron nuestros antecesores, posiblemente aquellos que llegaron de la Aguada, primer pueblo fundado por los Franciscanos, aquellos  valientes hombres que navegaron con Cristóbal Colón hasta nuestras playas. Los nombres de familias que en su búsqueda para la Tesis encontrón la profesora Colón son, posiblemente algunas de las personas enterradas dentro y fuera de la Ermita. Con el deseo y compromiso de que nos sean devueltos para darles cristiana sepultura. Se encuentran estos enterramientos bajo estudio en diversas universidades de Puerto Rico.

Si bien es cierto, que hoy sabemos tanto sobre nuestra Ermita, también es cierto que nos falta mucho por entender y aprender. Por ello, nuestra búsqueda y la que futuras generaciones deben continuar.

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